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SINALOA  

Malverde, santo protector de narcos

Judith Valenzuela
Voy a pagar una manda/ al que me hizo un gran favor/ al santo que a mi me ayuda/ yo le rezo con fervor/ y lo traigo en mi cartera/ con aprecio y devoción/ me fue muy bien todo el año/ por eso ahora vengo a verte/ de Culiacán a Colombia/ que viva Jesús Malverde!/ este santo del colgado/ me ha traído buena suerte.

 

 

 


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En algunos de los corridos de traficantes el bandido es el héroe alegre, despreocupado y dadivoso. Un ejemplo palpable lo tenemos en Culiacán. A escasos metros de la Unidad Administrativa de Gobierno se encuentra la capilla de Jesús Malverde, el bandido generoso sinaloense que robaba a los ricos para dar a los pobres. Hoy, Malverde se ha convertido en el santo protector de los narcotraficantes.

La historia del ánima milagrosa de Jesús Malverde se remonta al tiempo de la dictadura porfirista, en donde las clases sociales más pobres fueron objeto de abuso y explotación por las clases privilegiadas (hacendados, militares, industriales y comerciantes).

En esos años, los hacendados trataban como esclavos a los peones, quienes tenían prohibido mirar a los ojos al patrón. Si al hacendado le gustaba una mujer (hermana, esposa o hija de un trabajador) simplemente se la llevaba con él y el peón no podía protestar.

El patrón tenía la facultad de castigar con latigazos, encarcelar o matar al trabajador. Con la complicidad de sus esbirros se le acusaba al peón de robo y lo encerraban de por vida en las más inhumanas prisiones.

Sobre los trabajadores pesaba la maldición de la llamada tienda de raya.  En donde el patrón obligaba a sus empleados a comprar sus alimentos y enseres para cubrir sus necesidades básicas, a precios sumamente elevados. De tal manera que el empleado nunca terminaba de pagar y siempre estaba endeudado con el patrón. Si el trabajador moría, sus hijos heredaban la deuda en la tienda de raya.

Como respuesta surgieron hombres que rebeldes al sistema fueron declarados fuera de la ley. Convertidos en bandidos asaltaban a los ricos para compartir con los pobres el botín que obtenían, según las leyendas populares.

En Culiacán, Jesús Juárez Mazo fue uno de ellos. Comenzó asaltando a los ricos hacendados que viajaban, a caballo o en carreta, por los caminos del valle de Culiacán. De la espesura de la sierra brotaba una figura cubierta de ramas verdes con pistola en mano que los despojaba de todos los valores y tan rápida como salía, desaparecía. Fue por eso que lo apodaron Malverde.

Sus robos los hizo después en las casas de las familias más ricas de Culiacán, en forma espectacular y atrevida. Pronto fue conocido por el pueblo, ya que acostumbraba repartir su botín con los pobres de la región, y su fama de hábil ladrón fue ampliamente comentada.

Se cuenta que un día el bandolero hizo pública su intención de entrar a robar la espada del gobernador, Francisco Cañedo, quien al conocer la historia redobló la vigilancia de su hogar. Sin embargo, una mañana se sorprendió al no encontrar su espada. Malverde cumplió su amenaza.

Según la leyenda el gobernador ordenó su búsqueda, pero el hábil bandido siempre pudo escapar a sus enemigos. Más un día, Malverde se sintió gravemente enfermo y se refugió en una cueva, en donde lo encontraron los esbirros del general Cañedo y lo ahorcaron, en las ramas de un gran mezquite a orillas del antiguo camino a Navolato, un 3 de mayo de 1909.  El cuerpo de Malverde estuvo colgado por varios días con un aviso de cárcel a quien se atreviera a enterrarlo.

Sin embargo, una mañana un arriero que buscaba unas mulas extraviadas acertó a pasar por el árbol, y al ver el cuerpo colgado del bandido se acordó de lo bueno que había sido con los pobres y le pidió ayuda para encontrar las mulas y a cambio él lo sepultaría. En ese momento los animales emergieron de la espesura y se dirigieron directamente al cuerpo de Malverde.

El arriero bajó el cuerpo y lo sepultó, poniendo un montículo de piedras alrededor y arriba del cuerpo formando una tumba (no lo enterró obedeciendo la prohibición). El hombre comentó el hecho y la gente comenzó a visitar la tumba, llevando piedras para colaborar con las sepultura.

Otra versión señala que el ánima de Malverde se apareció a una señora, de nombre Tomasa, para decirle dónde se encontraba un tesoro enterrado y a cambio le pidió que fuera a visitar su tumba. Este suceso fue ampliamente divulgado entre la población llevándole veladoras y ofrendas.

El relato de sus milagros pronto se esparció y llegó a los oídos del gobernador Cañedo quien mandó sacar los restos del bandido, y una mañana, la tumba amaneció abierta y vacía. Pero el pueblo siguió llevando ofrendas al lugar.

El testimonio personal más antiguo sobre el culto a Malverde lo dio Manuel Lazcano Ochoa, quien en sus memorias Una vida en la vida sinaloense, escribió: “toda la zona por donde se encuentran las oficinas administrativas del gobierno del estado en la capital, hace unos años era prácticamente un matorral. Era casi inaccesible”.

Y agrega: “en medio de ese monte espeso pasaba el camino viejo a Navolato. Y por ahí estaba una crucecita en la que la gente al pasar ponía piedras. Era la cruz de Malverde. La razón del culto obedecía a la creencia de que en vida había sido un bandido generoso del siglo pasado, un Chuchito el roto sin mucha importancia”.

Lazcano Ochoa, quien fuera secretario de gobierno en el mandato de Francisco Labastida, relata en su libro: “me tocó la misión de recibir en el aeropuerto de Culiacán al entonces gobernador del estado de Chihuahua, Fernando Baeza, quien hacía una visita al primer mandatario estatal. Para mi sorpresa, me pidió que primero lo llevara a conocer la tumba de Malverde y luego fuéramos a saludar al gobernador sinaloense”.

La ciudad creció y alrededor de la cruz se fundaron colonias y los visitantes y creyentes en Malverde aumentaron. El gobernador Alfonso Calderón Velarde tenía el proyecto de construir un centro que albergara las principales oficinas del gobierno estatal. En un área cercana a la cruz se inició la construcción de la Unidad Administrativa de Gobierno.

Entonces, se decidió derrumbar la cruz para darle paso a la modernidad. Y aquí surgió otra de las leyendas del bandido. Contaba Eligio González León, cuidador de la capilla de Malverde durante más de treinta años (hasta su muerte en 2004), que “poderosos buldózer limpiaron y emparejaron los terrenos pero al llegar a la cruz, misteriosamente, se descomponían.  Incluso una mañana todos los cristales del flamante palacio de gobierno, ya casi terminado, amanecieron quebrados”.

Ante la inminente destrucción de la tumba, una comisión de feligreses de Malverde se reunió con el gobernador Calderón, quien dispuso que en un terreno cercano a las vías del ferrocarril -a unos cien metros de donde se encontrara la tumba original- se construyera otra cruz, que luego se convirtió en capilla. Ahí, el busto de Jesús Malverde puede apreciarse rodeado de flores, veladoras e imágenes de la Iglesia católica como la Virgen de Guadalupe y San Judas Tadeo (patrón de los casos difíciles y desesperados).

Eligio González relató que al fallecer Amado Carrillo, “el señor de los cielos”, periodistas de todo el mundo llegaron a la capilla para interrogarlo sobre Malverde. Al parecer, el narcotraficante tenía un busto del bandido generoso en su capilla personal, lo que llamó la atención de la prensa internacional.

Sobre Malverde se han escritos folletos, libros, reportajes y películas. En 1984, el dramaturgo sinaloense Oscar Liera escribió una obra teatral sobre la vida del bandido titulada: El jinete de la Divina Providencia. Esta obra fue montada por el Taller de Teatro de la Universidad Autónoma de Sinaloa (TATUAS) y tuvo gran éxito en el Festival de Manizales, Colombia; en el Festival Latino de Nueva York, Estados Unidos y en el Festival Internacional Cervantino de Guanajuato.

También fue llevada al cine bajo la dirección de Oscar Blancarte. El sociólogo y cinematógrafo chileno radicado en Austria, Carlos Cortés llegó en 1998 a Culiacán a realizar un cortometraje sobre Malverde para la televisión europea.

De este personaje abundan testimonios orales de favores concedidos. El pueblo ha creado un culto a su figura que ha trascendido el ámbito regional y nacional, ya que es reverenciado en Estados Unidos, Centroamérica y Europa.

“En algún momento de su existencia, que coincide con el repunte y desarrollo acelerado del mercado de las drogas en Estados Unidos, los traficantes más creyentes lo adoptaron como protector espiritual. Un patrono de origen local y popular, como ellos, con más puntos en común desde su perspectiva que los de la Iglesia católica”, reseña un estudio de Luis Astorga, investigador de la UNAM.

Eligio González dijo: “a la capilla acuden toda clase de personas, sólo que los narcos se identifican con él porque fue un bandido, alguien que estaba fuera de la ley, de ahí viene esa identificación”.

Y tan es así que, las serenatas con las alegres notas de la tambora se escuchan casi a diario en la capilla de Jesús Malverde, a quien los narcotraficantes han tomado como su santo protector. El busto de Jesús Manzo es hoy, a pesar de muchos sinaloenses, un ícono que identifica a Culiacán. Y más que eso, un mito que cada vez sorprende más a propios y extraños.

 

Publicado: Junio de 2007 Año 3 / No. 25



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